24 de mayo 2019
Ella se va
Ella es una joven de 20 años. Llegó a mi porque había tenido una relación de pareja muy tóxica, de mucha dependencia, y se sentía confusa. En el acompañamiento terapéutico vimos como la relación que tenía con su madre también era muy tóxica: una madre hipercontroladora que repetía el modelo de educación que había recibido de su madre.
Durante las sesiones quedó claro para ella y para mi que era necesario que saliese de casa y buscase su propio espacio. Es una chica con muchas capacidades e inteligente pero que no se podía desarrollar por la constante
presión de la madre. De este modo, ella llegó a la conclusión de que marcharse al extranjero a seguir sus estudios con prácticas de educación infantil era una buena idea. Mi función ha sido en todo momento apoyarla en su decisión, haciendo un seguimiento de los pasos que ha ido dando para buscar recursos, a la vez que seguíamos profundizando en cómo las relaciones con la madre le han influido en otros ámbitos de su vida como las relaciones de pareja. De algún modo, ha ido repitiendo relaciones de dependencia emocional con sus exparejas.
Me ha parecido una estrategia inteligente y parte del trabajo también ha sido que no se sintiese culpable por hacerlo así. La culpabilidad en relación a los padres es un clásico en el trabajo con
los jóvenes (que también les pasa a los adultos). Esta culpabilidad viene por un sentimiento de infidelidad a la madre, en este caso, por estar haciendo algo que es contrario a ésta. Sin querer, algunos padres manejan el discurso (verbal y no verbal) del tipo: “con lo que yo he hecho por ti y así me lo devuelves”.
Sospecho que acusará un duelo por dejar el nido familiar, que le vendrán anhelos y ganas de volver atrás. Lo hemos hablado, ella es consciente pero su impulso de marchar es grande. Iremos viendo como progresa y yo le seguiré ofreciendo mi apoyo anímico y psicológico para trabajar aquello que se le presente.