20 de noviembre 2018
Sostener la frustración propia y ajena
Ayer fue un día gris. En concreto, tuve una sesión de la que salí insatisfecho. La sesión fue con un joven de 23 años. […] En resumidas cuentas, le está costando salir del nido familiar en el que, a pesar de no sentirse realizado, está acomodado. Esta situación es jodida porque si bien él siente que quiere salir, para hacerlo ha de hacer un esfuerzo que implica renunciar al sistema familiar y eso no es nada fácil a nivel emocional. ¿Tiene la fuerza suficiente para hacer esta renuncia? Todavía no.
En la última sesión pactamos que él dedicaría una hora al día a buscar trabajo. Resultado: no ha dedicado nada de tiempo a buscar trabajo.
Dice que antes le salen otras actividades a las que le da prioridad; salir con amigos, ir a correr, ir a ensayar con el grupo de música, el esplai, dormir hasta tarde… Le gustan estas actividades, pero luego le viene el remordimiento.
Me siento estancado en el proceso con él y eso me genera frustración. Su “fracaso” lo siento como mío también. Me observo esta frustración y veo las limitaciones de mi trabajo. La principal limitación que observo es que yo doy herramientas, pero no puedo hacer su trabajo, no puedo vivir su vida.
En el caso de él, yo no puedo sacarle del nido familiar. Y esto duele. Me duele porque veo a una persona que lo intenta, pero le falta combustible, le falta más fuego para dar el salto, estar más en
necesidad. Este dolor que en él veo es mío también, me refleja mis propios estancamientos. Y ahí estamos los dos, cada uno en un lugar diferente, pero compartiendo esta emoción destructiva de la frustración derivada del estancamiento.
Cuando acabé la sesión estuve horas y horas dándole vueltas al asunto, observando qué es lo que me duele, porque me siento insatisfecho en el trabajo que estoy haciendo con él. Me observo que hay una parte de impaciencia en mí, de querer que las cosas salgan bien a la primera. También me observo mi carencia: no lo sé todo, no puedo con todo y en esta carencia me observo mi fragilidad, mi limitación, mi pequeñez, mi vulnerabilidad. Soy vulnerable, no puedo cumplir con la
expectativa interna de “salvador”. Caigo al suelo de morros y la vida me dice que ella está por encima de mis esfuerzos y de mi trabajo. La vida me pide que sea humilde y que me quite el rol de “salvador”. Me dice “relájate y acepta”
A veces me confundo y pienso que la solución soy yo. Y esto es un error de principiante. La solución está en él. Yo como herramienta facilito para que él pueda llegar. Y esto me ha de despertar ligereza y me quita responsabilidad excesiva.
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