10 de junio, 2019
Cambios
Desde la última vez que escribí este cuaderno de campo, han pasado muchas cosas. La más relevante es que he cambiado de trabajo. Estaba trabajando en el Centro de Nuevas Oportunidades de Girona, donde realizaba un trabajo de intervención directa con los jóvenes. Me pasaba muchas horas con ellos, cara a cara, y les daba clases de competencias transversales (trabajo en equipo, autoestima, gestión del estrés, gestión de las emociones…) y de búsqueda de trabajo.
Actualmente estoy trabajando como técnica de ocupación en la Bolsa de
trabajo del Consejo Comarcal del Baix Empordà. Dejar un programa a medias me costó mucho, sobre todo por el hecho de haber pasado tantas horas con los mismos jóvenes, haberlos acompañado extensamente y haber creado vínculos fuertes. Como profesional, esto me generó una serie de inquietudes y sentimientos encontrados que me hicieron reflexionar incluso más sobre mi papel en el ámbito laboral. Esta vez me prioricé a mí misma, pero he tenido que renunciar a otras cosas que tenía en mi antiguo trabajo y que ahora no tengo. Aún así, me quedo con el hecho de haber podido ver diferentes maneras de trabajar con los jóvenes. Ahora, mi acompañamiento está mucho más orientado a la búsqueda de trabajo y ocupación y ya no estoy cada día mano a
mano con el joven; por tanto, el acompañamiento que realizo se queda más en la superficie y no llego a niveles tan emocionales y personales como hacía antes.
Aún así, mi experiencia y el bagaje profesional ahora me permite detectar más fácilmente casos donde hay una necesidad de un acompañamiento más extenso a nivel personal. La observación, que tengo muy entrenada gracias a mi antiguo trabajo, me permite discernir qué personas son más autónomas y necesitan menos tutorías y cuáles, en cambio, necesitan más apoyo emocional. La búsqueda del trabajo y la inserción en el mundo laboral contribuyen indiscutiblemente al empoderamiento de los jóvenes, pero siempre tiene que ir acompañado de una autoestima sólida.
La orientación laboral a veces se convierte en una “excusa” para trabajar más profundamente, haciendo que este proceso desemboque en un empoderamiento más real.
Me gustaría poner el ejemplo de Carla; una chica de 26 años que tuvo un hijo siendo muy joven. Llegó a nuestro programa de orientación laboral con la intención de cambiarse de sector profesional. Hasta entonces trabajaba limpiando casas y ahora tenía ganas de formarse y trabajar como auxiliar de almacén. Al principio se mostraba muy insegura y con muchos complejos a la hora de introducirse en un sector complicado a nivel de igualdad de género. Creo que mi acompañamiento en este proceso fue útil para mitigar los momentos de estrés y dudas.
Finalmente, fue la primera en encontrar un puesto de trabajo como mozo de almacén y utilizando todos los vehículos de logística. Desde un principio confiaron muchísimo en ella.
¿Cómo creo que contribuí en su empoderamiento? Haciendo muchas tutorías individuales, acompañándola mucho y observando constantemente la situación para detectar momentos en los que ella estuviera angustiada a pesar de no ser capaz de verbalizarlo. Además de la observación, también ha sido útil el acompañamiento a nivel informal, no solo en tutorías, también vía WhatsApp y por teléfono; en definitiva, a través de los recursos que ahora utiliza la juventud. Nos tenemos que adaptar y hablar su idioma, es la única manera de conseguir un acercamiento real.