14 de diciembre 2018
Él tiene un nuevo trabajo
Hoy me he encontrado nuevamente con el joven del que te hablé en la carta. Cuando le he visto su aspecto era mucho más limpio, esbozaba una sonrisa, transmitía bienestar. Cuando se lo he dicho me ha respondido que sí, que se encontraba saliendo del bache de estos últimos años y que ahora sentía que el cielo se despejaba, que estaba entrando en un buen momento. Le he preguntado cual era el motivo o los motivos que le habían llevado a este cambio y el primero que ha aparecido es el cambio de trabajo.
Me ha comentado que lo que vimos y hablamos sesiones atrás le ha ayudado
mucho y que se ha hecho más consciente de esta dinámica interna suya. Por eso, me dijo, “ahora celebro este nuevo trabajo y a la vez soy consciente de que con el tiempo volverán crisis, pero he aprendido que por encima de las nubes está el sol. Ahora tengo la experiencia de estar saliendo de un bache que ha durado muchos años. Cuando estaba en el bache me era inimaginable pensar que hubiera salida, que hubiera final, pero ahora estoy experimentando que sí que la hay y eso para mí es muy importante, para aprender a confiar.”
En este punto he sentido dos cosas: la primera que la experiencia es una gran maestra y que ésta tiene sus tiempos. Por eso es buena la paciencia. La segunda, que la experiencia ha de ir bien acompañada para poderle extraer
buenos aprendizajes y en este punto entra la utilidad de la terapia. Estos cambios en el entorno del paciente confirman que un cambio en la actitud interior tiene consecuencias en el modo de vida de la persona. Por eso lo fundamental en terapia, igual que en educación, es favorecer cambios de actitud, cambios de mirada.
En este sentido, hemos hablado de los estados de constricción y de expansión. En la constricción hemos de hacer el esfuerzo por sostenerla y descifrar aquello que hemos de aprender (y lo que principalmente hemos de aprender son valores: paciencia, sentido del humor, humildad…).
En la expansión hemos de relajarnos (que también, y más aún a día de hoy,
¡se ha de aprender!) y no olvidar que, al igual que su hermana la constricción, también es pasajera.
Al final, la actitud adecuada tanto para las fases de constricción como de expansión es la del centro. Estar lo más centrados y conectados posibles a la calma que yace debajo de las olas. Y esto solo se consigue cultivando la presencia.
Deseo que su manejo por
la vida vaya cada vez a mejor.