3 de junio, 2019
Actualmente trabajo en la Fundación Exit. Trabajamos con jóvenes en riesgo de exclusión social, como por ejemplo en casos de fracaso escolar, de jóvenes migrantes que están solos en este país o bien con familias en situaciones socioeconómicas complicadas y dependientes de servicios sociales. Nuestro objetivo gira entorno a la formación y la inserción laboral en colaboración con empresas externas que forman una parte activa de este proceso de inserción, construyendo así un puente entre el mundo social y el empresarial, que hace años era difícil de encontrar.
Nuestra actuación, en todos nuestros proyectos, depende siempre del contexto
en el que se encuentra el joven, sobre todo de su situación dentro del sistema educativo. Por ejemplo, trabajamos mucho con jóvenes que no han acabado la ESO y que por tanto no disponen del graduado escolar. Su situación, en este caso, queda muy limitada por un contexto que determina el acceso a unas u otras oportunidades según el grado de formación académica, y en el caso de aquellos jóvenes que no tienen el graduado escolar, las limitaciones están muy marcadas. De hecho, hoy en día el camino formativo queda cortado. En uno de nuestros proyectos ofrecemos un curso de un año para jóvenes que se encuentran en esta condición. Se trata de un curso muy práctico que se centra en un oficio vinculado a una empresa mientras se trabajan otras competencias básicas y que te permite acceder
posteriormente a un grado medio y seguir estudiando.
Tenemos otro programa que trabaja también con jóvenes que ya han hecho este curso y que han accedido a un grado medio. Ahí se suelen encontrar que provienen de una formación muy práctica y que de repente tienen que volverse a enfrentar a la formación teórica, los libros y los exámenes. Otra vez el sistema educativo marca las pautas y los ritmos formativos y si los jóvenes no se adaptan, vuelven a caer fuera del sistema. En este programa ofrecemos prácticas curriculares en empresas y labores vinculados a su grado, para motivar este aprendizaje y hacerlo más experiencial. Una vez hecho este aprendizaje, muchas veces la dificultad no es tanto que los contraten y
puedan aplicar estos conocimientos, sino que lleguen al propio mercado laboral. Desde la Fundación Exit lo que intentamos es ayudarlos a construir una red que les permita acceder a ofertas de trabajo ocultas, que se encuentran gracias al boca-boca y a las cuales los jóvenes con quienes trabajamos difícilmente tienen acceso.
A mí lo que me gustaría ahora es que los jóvenes que han pasado por la Fundación se vinculen a ella como “alumnos” para mantener viva esta red, hacerla crecer, servir de referentes, crear una riqueza social sobre la cual se puedan respaldar estos jóvenes; una comunidad integradora que facilite el empoderamiento, la madurez y la posibilidad de compartir experiencias.