24 de enero, 2019
En el anterior Focus group, Rafa habló de un tema que tiene muy en cuenta a la hora de decidir las actividades, acciones y dinámicas que realizará: la autovaloración personal, es decir, «cómo estoy yo hoy, cómo me siento y qué puedo aportar con mi estado actual».
A veces he preparado alguna sesión concreta pero me he encontrado más inspirada para explicar o trabajar alguna otra temática ese día, ya sea porque a nivel personal me ha hecho pensar o porque ha ocurrido algún conflicto o situación en el aula que permite trabajar con más profundidad un tema que no estaba previsto en programación.
Con esto no quiero decir que la programación no sea necesaria, lo es y mucho en el sentido de que me aporta seguridad y aporta sentido a las clases.
Las complejidades de mi programa y el perfil de jóvenes a los que atendemos (absentistas y en situación de riesgo de exclusión social) requieren que tenga flexibilidad y capacidad de adaptación constante. Me he de anticipar y observarme antes de empezar las clases para poder sacar el máximo provecho de las sesiones y favorecer la integración del conocimiento que me interesa resaltar en cada jornada.
Por eso quiero remarcar la importancia de mi reconocimiento personal diario, el hecho de enfocar la cámara dentro de mí para ser honesta conmigo misma y con mis usuarios/as, detectando qué puedo
ofrecer según cómo me siento. Claramente, también es necesario planificar teniendo en cuenta las individualidades y el carácter del grupo, adaptando esta planificación a los objetivos del programa por el cual trabajo.
En definitiva, pienso que es importante tener claro dónde quieres llegar (la meta), pero poder fluir en el camino con el fin de llegar (el proceso).